domingo 15 de enero de 2012

Diario de un asesinato II (continuación)

Siento no haber actualizado ayer como prometí, pero me llevé todo el día fuera. Aquí tienen el post de hoy. Es la continuación del primer "Diario de un asesinato". Será una historia larga actualizada en pequeños capítulos. Espero que os guste ^^

Los gritos de su hermano insistiendo en que él no la había matado le perforaron el alma. Intentó por todos los medios no mirarle mientras el agente se lo llevaba, pero nunca podría olvidar aquella noche. Ni tampoco podría olvidar el día en que, cuando estaba bebiéndose una cerveza en un bar, le llamó su superior para informarle de que su hermano se había suicidado en la celda tras dejar en mensaje en la pared con su propia sangre: "Pronto estaremos juntos de nuevo, Ellen. Y entonces podrás decirme quién te arrebató la vida".
 
***
 
Respiró hondo varias veces para intentar calmarse. Había estado varios días preparándose para aquello que se disponía a hacer, pero seguía resultándole muy difícil. Abrió la puerta de una patada con la pistola en la mano. Miró hacia dentro con el arma en mano y, después de comprobar que no había nadie, se apresuró a entrar con un sudor frío recorriendo su frente.
El rellano estaba a oscuras. Intentó accionar el interruptor que había al lado de la entrada; al parecer, habían cortado la luz. Sacó una linterna corta de su bolsillo y, colocándola al lado de la pistola, comenzó a avanzar con sumo cuidado. De inmediato, el equipo de intervención entró tras él con las MP5 –un potente rifle de asalto– en alto y listos para disparar a cualquier movimiento.
Avanzó lentamente por el corto pasillo hasta que una mano le detuvo agarrándole por el hombro.
–Tenemos que ir nosotros primero, jefe. Es el protocolo.
Él tan solo asintió.
Se hizo a un lado para permitir que los GEO´s se adelantasen. Sostuvo con más fuerza la culata de su pistola y se pasó una mano por su cabello para alborotárselo. Luego, ignorando los nervios de su estómago, caminó lentamente detrás del último hombre armado.
Estos caminaron con suma rapidez por toda la casa, abriendo a patadas todas las puertas que se encontraban por el camino al mismo tiempo que iluminaban con una linterna hacia todos los rincones oscuros. Recorrió con rapidez el pasillo cuando el jefe del equipo le indicó con la mano que se acercara hacia la última habitación.
Se asomó con cautela y contempló, horrorizado, el extraño panorama que había ante él: era el dormitorio de Casey. Tumbado en la cama, completamente desnudo y con misteriosos cortes y símbolos por todo su cuerpo, el cadáver desprendía un olor desagradable que le hizo retroceder unos pasos para no vomitar. Respiró hondo varias veces antes de volverse y de entrar de nuevo en la habitación.
Sus ojos recorrieron con rapidez la instancia fijándose en todos los detalles. Paseó la luz de la linterna por la ventana cerrada, por la puerta, por la mesa que había junto a la cama… y, por último, se acercó al cuerpo. Primero observó sus ojos, grandes y redondeados. Le sorprendió ver una expresión de tristeza en ellos. Luego, contempló cada centímetro de su cuerpo desnuco, pero ninguno de aquellos símbolos le decía nada. Lo más que pudo hacer fue anotar todos y cada de uno de ellos en una libreta para poder estudiarlo mejor en casa. En cualquier caso, los de la científica tenían que enviarle las fotos de la escena del crimen a la oficina.
–Esto no tiene ningún sentido –susurró Chris, a su lado. Observó el cuerpo–. Primero, Mike mata a Ellen porque ella le pone los cuernos. Y ahora, ¿el culpable ha sido asesinado en su propia casa?
–Está claro que algo se nos ha escapado –comentó Paul con la mirada perdida–. Y también sabemos otra cosa.
Se encaminaron juntos hacia el pasillo. Jaime, de treinta y cinco años de edad, soltero, y tímido modelo de en sueño, vivía en un apartamento céntrico de Londres. Paul se asomó a la terraza y miró hacia debajo. La casa estaba a treinta pisos de altura, por lo que entrar por la ventana era imposible. Se volvió hacia Chris con un rostro serio.
–Mi hermano era inocente. Él nunca mató a su mujer.
Chris no le contestó. Volvió la vista hacia el piso, que ahora estaba lleno de luz gracias a que el grupo de la científica había abierto las persianas después de echarle fotos a todo.
–La escopeta de tu padre tenía sus huellas, tú mismo lo viste.
–Quizás había empezado a interesarse también por la caza.
–La odiaba. No creo que de un día para otro…
–¡No lo sé, Chris! –le interrumpió Paul con rabia. Señaló a la casa y continuó: –Explícame cómo es posible que Mike matase a Casey, y que después él aparezca asesinado en su casa dos meses después del suicidio de mi hermano.
El silencio se hizo presente durante un rato. Ninguno de los dos dijo nada. De todas formas, no podían hacer nada hasta que los de la científica acabasen con la escena del crimen. Era el protocolo: si los detectives entraban antes que los de la científica, podían contaminar el lugar, incluso borrar alguna huella importante.
No había descansado desde que Mike se había suicidado. La culpa le invadía, y sabía que solo podría tener la conciencia tranquila cuando atrapase al verdadero asesino de Ellen. Cerró los ojos con fuerza. Debería de haber creído en él, no debería de haber dudado de su propio hermano…
–¿Qué opinas tú?
Paul le miró sin comprender.
–Vamos, sé que tu punto fuerte es la observación. Me lo has demostrado los tres años que llevo trabajando contigo. Eres como un puto Sherlock Holmes moderno. ¿Qué opinas?
Paul abrió la boca para responder, pero de repente alguien habló.
–Disculpe…
Se volvieron hacia el oficial que había entrado en la terraza. Paul chasqueó la lengua. No le gustaba ese hombre. Era un novato demasiado egocéntrico, y le ponía nervioso.
–Hay algo que deberían ver.
La confusión en sus ojos hizo que Paul desconfiase.
–¿Qué ocurre? –preguntó Chris entrando de nuevo en el dormitorio.
El médico estaba trabajando en ese momento con el cadáver. Se volvió hacia ellos al verlos entrar.
–No han terminado los de la científica –observó Paul–. ¿Por qué hemos entrado? No es lo normal.
Alec, el médico, sonrió.
–No se te escapa nada.
–¿Qué puedes decirnos por ahora del cadáver?
Alex se volvió hacia el muerto y, con guantes de látex, empezó a manosearlo.
–Lleva muerto alrededor de tres días, cuatro como mucho. El motivo parece ser que se desangró vivo, pero tengo que hacerle la autopsia para decirles algo con mayor precisión. Le han hecho cortes profundos en las venas principales con un arma muy afilada; un cuchillo, tal vez. Pero los símbolos son superficiales. No más de cinco milímetros de profundidad.
Paul esperó a que continuase, pero se quedó callado, observando con minuciosad el cadáver. Cansado, preguntó:
–¿Y? ¿Qué es lo extraño?
Alec hizo una mueca de desagrado.
–Esto.
Le dio la vuelta al cadáver con cuidado, lo sostuvo para que no cayese por el borde de la cama y les enseñó la espalda. Alguien había grabado a fuego cinco palabras:

“Que empiece el juego, Paul”

CONTINUACIÓN: SÁBADO 25 DE ENERO DEL 2012

1 comentarios:

  1. NENI ESTO CADA VEZ SE PONE MEJOR!! HEHE ESTA WAY DEL PARAWAY :D SIGUE ASI!

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